Haces la pregunta, cierras el WhatsApp a toda prisa y bloqueas el teléfono. Siglo XXI, señores.
Segundos después se enciende el led azul que anuncia la respuesta, acompañado de tres vibraciones breves. Y de otras tres. Y de otras tres.
Tres mensajes. El número mágico. La respuesta a tu pregunta.
¿Los miras? Aún no.
Decides disfrutar un poco más de la incertidumbre, como si tuvieras seis años y hubieras salido corriendo después del signo de interrogación de cierre, gritando ¡No te oigo! ¡No te oigo! con todas tus fuerzas con la intención de tapar el sonido de sus palabras. Ya decidirás cuándo es el momento de volver, que lo importante era sacarlo y ya lo has hecho.
La vida se vive paso a paso.
Led azul.
Todavía no.
Tienes en tus manos esa carta que esperabas, pero antes de abrirla quieres que tus dedos recorran el sobre cerrado recreándose en el tacto del no saber. No hay que menospreciar el tacto de las cosas que no podemos tocar. La magia, por ejemplo. ¿Nunca la has sentido acariciarte la piel?
El sobre está lleno de magia: contiene todas las respuestas al mismo tiempo, como una especie de ruleta que gira enloquecida. Es un error pensar que el destino está escrito, que ahí dentro las palabras son las que son. Hasta que no despegues la solapa o rasgues el lateral o comoquiera que abras tú las cartas el gato está vivo y muerto, y el papel tiene un sí, un no, un no me viene bien, un me muero de ganas y un pensaba que no ibas a preguntarlo nunca.
Todas las opciones dan vueltas a un ritmo de vértigo. Una vez mires la nota se detendrán la rueda y la magia, y el no saber perderá su tacto al haberse ido, pues no tienen tacto las cosas que no están.
Dos mil quince y los mismos miedos.
Led azul.
Patrón de desbloqueo.
Arctic Monkeys – Do I wanna know?
That the nights were mainly made for saying things that you can’t say tomorrow day.
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