Hay que parar de vez en cuando, parar y respirar.
Es sencillo y todos lo sabemos, aunque rara vez nos permitimos hacerlo.
Parar y respirar.
Respiramos, no me cabe duda, porque si no estaríamos muertos, pero respiramos sin echar el freno. Cogemos aire por inercia, como con prisa, sin preocuparnos de llenar con él no solo nuestros pulmones, sino cada uno de los recovecos de nuestro cuerpo.
Parar y respirar.
Sabéis que me encanta repetir ideas, pero si hay algo que me gusta aun más es precisamente eso: parar y respirar. Cerrar los ojos, inspirar profundamente dejando que se curve mi espalda hacia atrás, extender los brazos dejándome abrazar, sentir… Sentir cómo el aire me envuelve, cómo me inunda, cómo me desborda y cómo me inyecta su energía.
A lo mejor es una tontería, pero es la tontería que me hace sentir ligero, vivo, centrado; conectado con el mundo y conmigo mismo.
A veces para alejarse ni siquiera hace falta moverse del sitio.
A veces basta con parar.
Parar y respirar.
Bebe – Respirar
Respirar. Respirar. Respirar.
Deja un comentario