Soy de empezar cosas y dejarlas ahí, no por no ser capaz de acabarlas, sino porque los finales son tristes; que a veces un The End quema más que cien hogueras; que si yo fuera un vídeo no tendría botón de STOP, si acaso de pausa; que mi teclado, donde los demás tienen un punto, tiene tres, y si alguna vez, rara, quiero zanjar algo, tengo que tirar de retroceso para borrar los otros dos…
Soy de empezar cosas y permitir que fluyan, que se mezclen, que las unan comas; de entrar en tu vida y no salir, de a lo mejor no estar siempre delante pero estar, como esa primera capa de pintura sobre la que pintas de nuevo, como esa canción que desaparece de tu vida durante años hasta que un día, al volver a escucharla, descubres que en algún rincón de tu mente siempre estuvo grabada su letra de principio a fin… Fin, la palabra prohibida, el coco que no me deja dormir por las noches, que pienso que a veces luchamos poco, que nos es más cómodo un adiós que un hasta luego, que el continuará nos lo olvidamos en el siglo XX, que nos estamos perdiendo, ¿sabes?
Soy de empezar tantas cosas que suelo llegar a un punto en el que no sé con qué estoy, que no tengo claro si ahora escribo de la vida, de crecer o de rozar tus labios, pero no quiero que se acabe, nada; no quiero que se acabe esto, sea lo que sea, ni quiero acabar de crecer, ni quiero, y va aquí y no al principio porque para mí las listas empiezan en el tres, que te acabes tú
Sam Tsui – Don’t want an ending
I’m scared to say goodbye.
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