Podría dedicarle este premio a mucha gente, porque ahora que he llegado al final del camino me giro y todas las huellas que veo son diferentes, pues nunca me habéis dejado caminar solo, pero no estaría siendo del todo justo si te metiera en ese saco, si no fueras más que un nombre de esos que no pronuncio y englobo en un simple todos.
Podría dedicarle este premio a mucha gente, pero te lo voy a dedicar a ti.
Este premio es tan tuyo como mío, si no lo es más, aunque no estamos aquí para discutir porcentajes.
He hablado del camino, o del final del mismo, y me gustaría volver de nuevo a él. Ha sido largo, inclinado y con muchas piedras. Ya sabes que al hombre le basta con una para caerse varias veces, así que imagínate lo que he podido hacer yo con todas las que me he ido encontrando.
He caído, me he levantado, he caído, me he levantado, he caído y así en bucle. Ha habido veces en las que, tendido boca abajo con la cara llena de tierra, me he preguntado si tenía sentido volver a ponerme en pie. Han sido esas veces, todas, cuando te has acercado, me has dado un motivo y me has tendido tu mano.
Supongo que te valoro aún más por eso, por no venir corriendo tras cada caída sino dejarme espacio, esperar a que me levantara solo y acudir cuando veías que no lo hacía, cuando sentías que de verdad necesitaba un empujón.
Y quien habla de empujones habla de abrazos, abrazos que no hace falta dar con los brazos ni cuerpo a cuerpo. Es el futuro, el mundo dos punto cero; cosas como esa son posibles.
Ha habido noches en vela, y no diré en todas, ya que es fundamental que algunas las pase uno consigo mismo, pero en muchas ha sido el calor de tu abrazo el que ha evitado que me volviera loco. Y en muchos días.
Parece que uno no puede sufrir cuando brilla el sol, que se pasa mal solo a oscuras.
Lo pienso ahora y lo cierto es que creo que han sido más duros los días, esos en los que ves que el mundo gira demasiado deprisa y el hecho de no ser capaz de seguirle el ritmo te supera.
Noches frías, días difíciles, qué más da: todo ha sido más llevadero con tus abrazos.
No quiero extenderme mucho, pero antes de acabar mi discurso y retirarme con mi premio entre aplausos me gustaría hablar de equilibrio.
¿Qué es el equilibrio, verdad? Esa ha sido mi búsqueda desde el principio, el motor que me ha estado moviendo todo este tiempo. No lo tenía del todo claro, así que he ido investigando durante el camino. Me he apuntado incluso a yoga.
¿Sabéis qué he descubierto? Que el equilibrio como tal no existe, al menos en mí; que yo me quedo de pie y al rato, sin que se acerque nadie, me caigo.
He descubierto también que no necesito equilibrio, porque más importante que tenerlo es tener dónde apoyarte cuando te falta, y yo vivo tranquilo sabiendo que mi dónde eres tú.
Podría dedicarle este premio a mucha gente, pero creo que me sobran los motivos para dedicártelo a ti, así que gracias, de corazón.
Y es que agradecer premios es tan fácil como escribir el horóscopo.
Despistaos – Gracias
Por ser así como eres.
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