Pensaba que no lo sabía, o que no me pasaba, o ni siquiera pensaba realmente, pero empecé a hablar y no encontraba el freno, una idea tras otra, como olas.
Tú lo viste claro: te quieres ir.
Pensaba que no lo sabía, que estaba bien aquí, que estoy bien, pero ¿y si me quiero ir?
Me tumbo y miro al cielo en un sitio de esos desde los que al mirar al cielo solo hay cielo, y es infinito. Me pierdo con demasiada facilidad en los azules infinitos: en el mar, en el cielo, en tus ojos. Es un perderme que me llena, que me ensancha los pulmones, que me relaja, que me libera… que me susurra que me vaya.
Te quieres ir.
¿Y qué vas a hacer tú si me voy?, pregunto, aunque la pregunta no es esa.
Tú seguirás igual, me recordarás alguna vez, sonreirás pensando en mí y ahí habrá quedado todo. Es poco frecuente que dos personas se cambien el mundo mutuamente: lo normal es que el cambio sea unidireccional. Aquí el mundo que ha cambiado ha sido el mío.
¿Y qué voy a hacer yo si me voy?
Puedo ir en busca de mi mar y de mi cielo, pero mis azules infinitos serán siempre tres, y en mi caja de colores eres el lápiz más corto, ese que más uso, el imprescindible.
Dime tú cómo voy a acabar de pintar mis dibujos si estoy lejos de tus ojos.
Te quieres ir.
A lo mejor no es querer, ¿sabes? A lo mejor tengo que hacerlo, dejar de sacarte punta y usar esos lápices que tengo aún por estrenar. ¡Quizá el blanco hasta sirva para algo!
En todos mis dibujos quiero poner algo azul, y eso no puede ser sano.
Te necesito, y eso no puede ser sano.
Me tengo que ir.
Cara Dillon & John Smith – If I prove false
The world will lose it’s motion.
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