Se desliza de aquí para allá acelerada, como con prisa, como si de ir más despacio algo se le fuera a escapar, y es posible que así sea.
Corre, porque a veces esa es la única manera de conseguir llegar a todo. Las cosas de palacio van despacio, dicen, pero ese debe de ser uno de esos privilegios que solo tienen unos pocos en palacio. Ya se sabe, reyes y familia. Ella no tiene nada de reina, ni de princesa, pero aún así se siente tremendamente poderosa, capaz de todo, siempre que sea capaz de seguir el ritmo.
El ritmo lo marca mi cabeza, y os aseguro que si fuera una canción podría ser cualquier cosa pero nunca una balada. El ritmo a veces se para, y no ha habido música por aquí en mucho tiempo, pero últimamente tengo la sensación de que la banda ha estado ensayando.
Quizá es el hecho de haber vuelto a escribir con lápiz y papel, aunque el lápiz es menos lápiz y al papel ni se le espera, pero las sensaciones son sorprendentemente similares. Teclear no es comparable a escribir. Cuentas cosas, sí, y puede que hasta parecidas, pero no tiene ese encanto, esa magia…
Puede que sea porque ya apenas escribimos, entendido como escribir de verdad, que ahora a veces hasta siento que no me acuerdo de cómo se hace… pero estoy dispuesto a recordar.
¡A ver si le gusta a la musa!
Deja un comentario