De la pasta de dientes con sabor a hígado

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A veces vivo momentos y al mismo tiempo es como si fuera capaz de verlos desde fuera, como si estuviera dos veces, siendo a la vez protagonista y especta­dor.

Me pasa sobre todo con los pequeños momentos; esos que entran en la versión final de la película, porque no marcan el ritmo del guion pero son los que le dan profundidad.
Me ha pasado hoy limpiándole los dientes a Sosej.

No me juzguéis, ¿vale? Nadie quiere un perro con los dientes sucios y con mal aliento.
Sorprendentemente, para lograr tal efecto, uso su pasta de dientes favorita, sabor a hígado. Todo normal. Y yo quejándome de la falta de innovación en los sabores de las pastas de dientes para (humanos) adultos.

El hecho es que ella está OBSESIO­NADA con esa pasta de dientes, igual que lo estuve yo cuando aún vendían aquella de limón, aunque yo no me la comía. Es poner un poco de pasta en el cepillo y empezar a salivar (ella), y a la que hago amago de acercarlo a su boca saca la lengua y empieza a lamerse la nariz como si le fuera la vida en ello. Voy a ser incapaz de hacerle justicia al momento, pero es increíblemente cómico. Vais a tener que fiaros de mi palabra.
Nos pasamos al menos cinco minutos entre lengüetazos preventivos a un cepillo que viene y va, sin empezar realmente a hacer eso a lo que veníamos, yo intentando que me enseñe los dientes y ella intentando completar la limpieza, pero la del cepillo.

Cuando por fin me armo de valor, voy un paso más allá y busco contacto. Tocar diente es un milagro, pero merece la pena inten­tarlo. Con más risas que paciencia, y probablemente horas después, doy por finalizado un cepillado que no contentaría a nueve de cada diez dentistas, pero yo siempre he sido fan del décimo y sé que me daría su visto bueno porque le encanta llevar la contraria.

Intento no pensarlo mucho, pero otra de esas cosas que hago como espectador, o director, o qué sé yo, es imaginarme el montaje final. Intento no pensarlo porque que exista un montaje final quiere decir que hay un fin, y vamos a seguir ignorando eso de momento… pero estoy seguro de que la escena del cepillo de dientes llegará a las salas.

2 respuestas a “De la pasta de dientes con sabor a hígado”

  1. Avatar de

    Quiero pasta de dientes con sabor a huevo Kinder :(.

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    1. Avatar de zhalwa

      Eso sería maravilloso! Pero sería muy arriesgado: la tentación de comérsela sería muy grande

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