El zumbido de la mosca: un viaje al interior de la mente

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Pasaste gran parte de tu vida sintiéndote pequeña. Ahora dices que sólo estaba en tu cabeza, pero lo pusieron ahí aquellos que, a pesar de sentirse también pequeños, pensaban que lo sentirían un poco menos si conseguían que tú lo sintieras un poco más.

La mierda de ser pequeño es que se es por comparación, y cuando hablamos de sentirlo es muy difícil competir con esos egos que piensan que el mundo les pertenece.

Todo está mejor ahora. Sigues sintiéndote pequeña a veces, pero también sientes que quieres matar a tu vecina de abajo a veces y entiendes que eso no te convierte en una asesina. Todos tenemos nuestros más y nuestros menos, nuestras luces y nuestras sombras, nuestras nubes y nuestros claros. Cuando te has pasado la vida bajo un cielo que si no era gris era negro, ver el sol aunque sea un par de veces por semana te parece el paraíso.

Hoy, sin embargo, abres los ojos y te sientes increíblemente pequeña. Diminuta.
Vas volando al baño y al ponerte frente al espejo te das cuenta de que no estás. No hay nadie.

Bueno… hay una mosca.

La mosca flota. Te mira.

Por alguna extraña razón eres capaz de sentir que la mosca está casi tan confundida como tú.
No tardas mucho en darte cuenta de que no es casi, y que la extraña razón por la que sabes cómo se siente es que la mosca eres tú.

Mierda, piensas, sin poder evitar reírte.

Una respuesta a “El zumbido de la mosca: un viaje al interior de la mente”

  1. […] historia del otro día de la mosca me la inspiró un sueño, aunque quien se había convertido en mosca era mi perra, y en lugar de […]

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