Nunca me ha convencido eso de dormir como un angelito. Como seres superiores que son, ¿de verdad necesitan dormir? ¿Su jefe también? ¿O lo hacen por puro vicio? Aunque eso suena más a algo que harían los del otro bando.
Si los ángeles duermen, ¿quién cuida de nosotros mientras lo hacemos? Hasta dónde sé, esa es una de sus funciones principales. La más importante, me atrevería a decir.
Quizá nunca hubo tanto monstruo y no necesitábamos ángeles guardando cada esquina de la cama, sino que venían en grupo para hacer turnos.
Sea como sea, ahora mismo estás haciéndolo, lo de dormir como un angelito; y yo a tu lado que no puedo o no quiero conciliar el sueño.
Prefiero mirarte.
Al aire le cuesta salir mientras respiras, que no es roncar pero se le parece. Me molestaría viniendo de cualquier persona, pero viniendo de ti es hasta agradable. Si estuviera disponible en Spotify me lo pondría en bucle.
En esas te despiertas, abres los ojos de golpe y te encuentras con los míos.
No me dices nada, pero sé que piensas que ya estoy ahí mirándote dormir O-TRA-VEZ, que por qué. Piensas que podría haberte tocado vivir con alguien normal pero no: te ha tocado un rarito. Piensas que no es una mala vida tampoco, pero POR QUÉ TANTA INTENSIDAD.
No te digo nada, pero pienso que me gusta mirarte dormir porque a veces me entra miedo, porque he visto lo que hace el tiempo y sé que nos lo hará a nosotros también. Pienso que sí, que con suerte aún falta, pero es que hay gente que tiene mala suerte, y por qué no iba a ser yo uno de ellos. Hasta la gente buena tiene mala suerte a veces, y yo ni siquiera sé si soy bueno. Lo intento, pero no soy más que un rarito.
Te miro dormir y se me escapa una lágrima. Menos mal que has vuelto a cerrar los ojos porque a ver cómo te explico yo esto, pero es que intento pensar en un número, un número grande, y me parece poco.
¿Mil noches? ¿Dos mil? Ni siquiera tres mil me parecen suficientes, y es posible que ni en el mejor de los casos…
Uno tendría que estar loco para preferir dormir.

Deja un comentario