No lograba olvidar la tarde que pasaron bajo las estrellas.
Fue extraño verlas a la luz del día, pero eso no lo hizo menos cierto. Descubrió galaxias y constelaciones, y fue sintiéndose cada vez más pequeño. Notó el vértigo en su estómago cuando se expandió el firmamento sobre sus cabezas, cada vez más grande, cada vez más cerca, y se acordó inevitablemente de la canción de Ismael Serrano. Deseó parar el mundo para disfrutar del viaje. Era cierto que se hacía corto. Siempre lo era.
Se sintió insignificante en comparación con la inmensidad del universo. Desde pequeño había querido formar parte de la historia, pero aún no había hecho nada por conseguirlo.
Y el tiempo seguía pasando…
– Tell me I’m good.
– You’re good.
– Tell me they’ll remember me.
– Who’s they?
– The world.
– Is that what you want?… The world will remember you.
Siguió encogiéndose unos segundos, y justo cuando la oscuridad estaba a punto de cubrirlo todo se encendió la luz. En aquel instante encontró sus ojos.
Probablemente no formara parte de la historia, pero formaba parte de aquella historia, lo cual, por aquel entonces, era más que suficiente.
Ismael Serrano – Vértigo
Aquel invierno no paraba de llover.
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