Estoy de pie en medio de la sala, solo y a oscuras. Estoy de pie cuando empieza la música, y cierro los ojos. La sala está a oscuras, ya lo he dicho, pero aun así cierro los ojos, porque hay canciones que soy incapaz de escuchar con los ojos abiertos y esta es una de ellas. No me muevo, no bailo, ni siquiera sé si respiro. Me limito a escuchar, a sentir. Todo lo que no bailo ni me muevo ni respiro lo estoy sintiendo, y es mucho, demasiado quizá, tanto que no me cabe e intenta salir de mí. Encuentra su vía de huida por el camino que sigue el vello de mis brazos y escapa junto a él, erizándolo hasta el punto de parecer arrancarlo a su salida.
La música continúa y me va creciendo dentro; pesa y me fallan las piernas. Siento que no soy capaz de tenerme en pie, ceden mis rodillas y caigo hacia atrás. No tengo miedo, ahora no.
No llego al suelo.
Doy con la columna. La misma columna que te escondía al otro lado. La columna que bebió mucho y sujetamos durante horas. La columna que ahora respira hondo, me abraza y me dice que no me preocupe, que no me va a dejar caer. La columna que no está porque eres tú, porque reconocería esa voz en cualquier parte.
Mi orgullo masculino me dice que debería ser yo quien te abrazara. Le digo que se calle, que qué sabrá él, que nunca he estado mejor que entre tus brazos.
Me limito a seguir sintiendo.
La primera vez estabas detrás de una columna, la segunda estás detrás de mí… es hora de dar la cara.
Me giro lentamente sin soltarme de tus brazos y te noto enfrente, sabiendo que tú también tienes los ojos cerrados. Te abrazo, por fin, hundiendo mi cara en el hueco que se forma entre la tuya y tu hombro derecho. Respiro hondo. Te respiro. No puedo verlos, pero juro que en la superficie de mis brazos ya no queda nada que me proteja del frío; y qué más da, si a tu lado la palabra frío no tiene ningún sentido.
Empezamos a girar cuando la canción se dispone a recorrer su último tramo, y al inicio de nuestra rotación todo estalla, no en luces sino en pompas de jabón. Cientos de ellas, brillando en silencio, orbitando a nuestro alrededor como si fuéramos el centro de una galaxia de agua y jabón, de escalofríos, de abrazos, de notas que pesan y de mí, de pie solo, a oscuras, y oliéndote con la piel de gallina.
Jessie Ware – Say you love me
And love’s floating away.
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