Volvíamos de comer, nos hemos metido en el ascensor y ha entrado también con nosotros un chico. Se ha bajado una planta antes y se ha despedido con una amplia sonrisa. Sonreía mucho. Mucho.
¿A este qué le pasa?, ha sido lo primero que hemos pensado; aunque enseguida nos hemos dado cuenta de que la pregunta correcta era ¿a nosotros qué nos pasa?
Sé que no es la primera vez que lo digo, pero la vida hay que disfrutarla, y hay que disfrutarla siempre. Volvíamos de comer, eran las tres y lo único en lo que podíamos pensar era en una siesta que claramente no estaba a nuestro alcance. ¿Cómo se disfruta eso? No tengo ni idea, pero hay alguien que sí: el chico del ascensor.
Yo sería feliz si me tocara la lotería y pudiera dejar de trabajar, pero no me toca y tengo que seguir viniendo a la oficina. Él está igual, pero es feliz. A lo mejor su sueño es más fácil.
Hay que soñar mucho y hay que soñar grande, pero no siempre que se sueña tiene que ser algo desmesurado, o correremos el riesgo de no ser nunca el chico del ascensor. ¿Por qué no soñamos pequeño?
Miro a mi alrededor (en sentido figurado, que estoy solo en casa sentado delante del ordenador y si miro realmente entorno a mí va a ser raro y además me va a dar miedo: la única luz que ilumina la sala es la del monitor – es fatal para los ojos, lo sé, ahora enciendo una lámpara, mamá – y siempre veo sombras confusas e imagino que son fantasmas que vienen a por mí, pero como no he mirado de verdad no pasa nada) y me doy cuenta de todo lo que tengo, cosas pequeñas y medianas, alguna grande, tangibles e intangibles, que forman mi vida, cosas que en algún momento fueron sueños y ahora están aquí, cerca o lejos o dentro de mí, pero están y son reales.
Tengo tantos motivos para sonreír como sueños he cumplido, y cada vez que no lo hago pierdo el tiempo.
Puede que me repita, pero no me arrepiento. Es más: quizá lo haga hasta que os vea a todos convertidos en el chico del ascensor.
Pastora – Tengo
Tengo ganas de robarte, de quererte.
Replica a zhalwa Cancelar la respuesta