Sucede a veces que la vida me lanza metáforas, y esta mañana goteaba el grifo de la cocina.
Cómo eres, vida. Hacía tiempo que no te ponías tan profunda.
El grifo, obviamente, era yo; sin dobles sentidos, que la vida no entiende de mentes sucias. Las gotas eran las veces que pienso en ti.
Con un ritmo pausado, poco a poco, se me van cayendo pensamientos. Uno imagina que los pensamientos vuelan, o al menos flotan, pero yo creo que hay pensamientos que pesan, que no logran escapar de la gravedad y van hacia el suelo. Me gusta esa teoría, porque implica que cada gota que te pienso no se desvanece en el aire, sino que se suma a otras, formando un charco a mis pies donde, si me miro, adivino tu reflejo.
Te pienso y ocurre sin querer, sin ser un torrente que lo inunde todo sino un goteo semiconstante que ahora está, y ahora también, y ahora también. Se suceden mil ideas en mi cabeza, y es como si fueras salpicándolas aquí y allí cuando menos me lo espero, porque a los grifos que gotean no los detiene que uno apriete con fuerza la llave del agua.
De todas formas, tampoco te voy a engañar: no pienso tocar la llave. ¿Y si giro hacia donde no es y me ahogo? ¿Y si arreglo el grifo y te vas?
Me he pasado el día con el grifo en la cabeza. Y entonces tú. Y entonces tú. Y entonces tú.
Eres el sonido de las gotas al unirse al charco.
Tú. Tú. Tú.
Me pregunto si en tu casa gotean los grifos.
Lauren Aquilina – Wonder
And I wonder if you wonder about me too.
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