Siempre he tenido un plan, porque no se puede vivir sin uno.
Todos sabemos que cualquier plan, por bueno que sea, puede fallar, así que también he tenido siempre un plan be. Alguna vez he tenido incluso un plan ce.
¿A dónde me ha llevado tanta preparación? No diré que a ningún sitio, porque no sería verdad y yo no miento, pero ¿es al mejor sitio al que podría haber llegado?
Cierto es que, para ser ingeniero, me considero bastante poco ingenieril… pero era parte del plan, ¿no?
Escribo sobre soñar, sobre bailar, sobre amar, pero… ¿sueño? ¿Bailo? ¿Amo?
Reflexiono y me digo que sí, que lo hago, aunque mientras me lo digo siento que lo hago menos de lo que debería. No sueño en grande. No bailo. No amo de verdad.
¿Por qué no lo hago? Porque tengo un plan, y ni los sueños ni los bailes ni los amores se planean: simplemente surgen.
Soñamos sin querer. Bailamos de repente. Amamos… y no se me ocurre complemento circunstancial de modo que poner aquí, probablemente por tener un plan, por ser ingeniero, por querer cuantificarlo todo, ser cabezota y no entender que hay cosas que fluyen (y no hablo de mecánica de fluidos).
Un plan, en el mejor de los casos, nos conduce a una meta. ¿Cómo voy a alcanzar eso que no espero si ando persiguiendo otra cosa?
Quizá sea por la edad, pero ahora no quiero planes; ya no; que me he cansado de correr detrás de sueños que no había tenido nunca.
Voy a dejar que siga el espectáculo, que me saque la vida a bailar.
Tú, si quieres, enséñame ese complemento circunstancial que no encuentro.
Starsailor – All the plans
Let’s get into the season where we can be ourselves.
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