El cuerpo no tiene muy claro que el reloj no mienta, que la hora que anuncia sea la que es. Antes era más fácil, porque el cambio de hora lo hacía uno: giraba una rueda, le daba a un botón… lo que fuera, pero algo. Antes se te podía olvidar realizar el ajuste, notando entonces que algo no andaba bien, porque el mundo iba como a destiempo, porque tú tenías las dos y eran las tres, y había confusión y no entendías nada. Luego veías un reloj ajeno, descubrías dónde estaba el truco, cambiabas la hora y se solucionaba el problema.
Ahora no.
Ahora es el futuro, todo es automático, y si la hora quiere cambiar no te espera: cambia y punto. Ya te apañarás.
Ahora te despiertas y todos los relojes están en hora. Es como si todo estuviera en orden, aunque tu cuerpo insiste en que no, que aquí ha pasado algo, que a él no le engañas. Si sabes lo del cambio horario bien, pero si no no te das cuenta y sigues con esa sensación de que ha cambiado algo y no sabes qué.
Ha cambiado algo: has dormido una hora menos, y eso es bueno.
Estás una hora más cerca de todo lo que te espera.
Linkin Park – One step closer
Just like before…
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