Noviembre es frío y es triste y no es mes de ganar; por eso aquella noche yo no buscaba encontrarte, sino perderte. No tiene sentido alguno, pero ¿no os pasa? Que el cuerpo os pide algo y no lo entendéis, aunque sabéis que enterrar esa fuerza no es una opción, porque es como sembrar un viento y todos sabemos lo que se recoge después.
Entré tarde al bar y no estabas. No sabía quien eras, pero no estabas; y yo qué sé, a lo mejor no viene, pero en el fondo sabía que ibas a hacerlo, aunque estuviera más cerca ya la hora de volver a casa que la de salir de ella.
Al rato entraste.
No fue un flechazo, claro que no. No buscas perder a alguien y es amor a primera vista. Vino a ser más como un ritual de caza: la observación, el análisis, la selección de la presa adecuada, el tensado del arco… el flechazo. Ese flechazo que he dicho que no fue.
Lo que vino más tarde, no sé; fueron semanas en las que tratamos de construir algo en lo que ni tú ni yo teníamos el más mínimo interés, como si lo único que tuviéramos para jugar fueran aquellos bloques de LEGO y hubiéramos tratado de crear el edificio más grande posible para que provocara un estruendo al venirse abajo.
Era noviembre y hacía frío y no era mes de ganar. Noviembre es mes de perder, y de perder haciendo ruido.
Queriendo desafiar al cielo, nuestra torre de Babel atravesó las nubes de noviembre para adentrarse en el último mes del año. Si noviembre es mes de perder no os diré de qué es mes diciembre, pero aquello se tambaleaba más con cada una de las últimas piezas. La construcción era alta, aunque también muy débil, y aquel vaivén…
Pudimos dejar que cayera, pero estábamos ahí para perder, de forma activa, para sentirnos miserablemente responsables de haberlo echado todo a perder.
Todos hemos sido niños alguna vez. Todos conocemos el placer de derribarlo todo con un revés.
Funambulista y Andrés Suárez – Ya verás
Noviembre es siempre triste y tú viniste proponiendo guerras.
Replica a Loli Cancelar la respuesta