Odio fregar, pero hay que hacerlo, ¿no?
Pongo la música, cojo la fregona, la empapo, la escurro y empiezo a recorrer el suelo, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, un pasito atrás, de izquierda a derecha.
Voy con cuidado de no dejarme ni un palmo de suelo sin mojar, porque de eso se trata, de derecha a izquierda, un pasito atrás, de izquierda a derecha.
De vuelta al cubo.
Es un ritual monótono y repetitivo, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, un pasito atrás.
Pero está la música…
Entre tanta izquierda y derecha me voy dejando llevar por las notas, me abstraigo y no sé cuánto tiempo pasa hasta que ya no estoy fregando sino bailando contigo, que te dejas llevar, completamente a mi merced mientras yo te guío con los ojos cerrados. No hablas pero te deslizas, ligera, suave, segura entre mis manos. Ya no es de izquierda a derecha y viceversa: es un paso adelante, dos hacia atrás, un giro tras otro… y te alejo y te acerco, te agarro fuerte y te tengo.
Abro los ojos, las paredes están llenas de gotas y alguien me ha pisado lo fregado.
Odio fregar porque ese alguien nunca eres tú.
Antonio Vega – Se dejaba llevar
Se dejaba llevar por ti.
Replica a TAT Cancelar la respuesta