No es que no me gustaras, pero tenía claro que no eras para mí. Es de esas cosas que uno sabe sin más, llámalo instinto si quieres. Es como cuando te levantas una mañana lleno de energía y sabes que va a ser tu día, que todo te va a salir bien; y llegas tarde al trabajo, sales más tarde aún, pillas caravana, te deja tirado el coche y cuando llegas a casa tropiezas con el escalón de la entrada cayendo de boca contra el suelo. La vida a veces tiene esa forma de decirte ¿ves como no, gilipollas?
La vida es dura, dicen, aunque yo la escucho hablar y me inclino más por decir que es ruda. No es mala tía, en absoluto; cuando le coges el punto te das cuenta de que lo que pasa es que le han hecho mucho daño, y que levante la mano aquel que no se haya vuelto algo tosco con el dolor.
No es que no me gustaras, pero tenía claro que no eras para mí. Hoy lo pienso y no puedo hacer más que darle la razón a la vida, e incluso las gracias, porque podría haberme llamado cosas mucho peores que gilipollas y no lo hizo. Ya os digo yo que es todo fachada, que en el fondo es una buenaza. Y yo soy muy tonto.
Creo que ese es mi principal problema: el ser tonto.
Yo en el colegio sacaba muy buenas notas, y no estudiaba tanto, pero retenía. Retener es importante, no tanto como desayunar pero casi. ¿Os habéis fijado en la cantidad de gente que no desayuna? No me cansaré de decirlo: el desayuno es la comida más importante del día, y no, tomarse un café corriendo no cuenta como desayunar. El mundo sería un lugar mejor si más gente desayunara como toca, y ya a nivel más personal, mi mundo sería un lugar mejor si no fuera tan tonto. Con tanto retener a la gente le dio por decirme que era muy listo, y es eso que lo oyes una vez y dos y tres y al final te lo acabas creyendo. Soy tan listo que te conozco y decido que sí, que muy bien pero que no eres para mí, y claro, con lo listo que soy, como para llevarme la contraria.
En esas que el otro día te veo otra vez, y con la de tonterías que llevo escritas no voy a ponerme moñas porque no pega, pero si realmente dejara que fuera mi corazón el que amartillara las teclas de esa máquina de escribir que imagino que tengo para darle sosiego a mi alma romántica aquí acabábamos llorando todos. A moco tendido, pero en plan bien. Y ya no es solo no escribirlo por no haber preparado el terreno, sino también por aquello de guardármelo para mí, como un niño pequeño que no es que no comparta su juguete, sino que ni siquiera dice que lo tiene, porque es suyo y solo suyo.
Y al final todo esto se puede resumir con esa frase que me ha dicho la vida tantas veces: ¿ves como no, gilipollas? Que para no ser para mí no consigo sacarte de aquí dentro, siendo aquí eso que estoy señalando ahora mismo con el índice y el corazón que dejo a vuestra imaginación.
Joshua Radin – My my love
I’ve been running too fast to belong to anyone.
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