No eres una barba ni una melena. No eres un saco de huesos, ni un montón de músculos ni kilos de grasa.
No eres unos pantalones, ni una blusa, ni una camisa, ni unos tacones.
No eres un tono de piel, ni un color de ojos, ni unos centímetros de altura.
No eres un cuerpo.
No eres un estilo.
No eres un objeto.
Eres emociones, sensaciones, una forma de ver el mundo.
Eres pensamientos, maneras de relacionarte con los demás, sentimientos.
Eres sentimientos y es sentir lo que te hace ser tú, y es qué sientes lo que te hace ser tú, y es cómo sientes lo que te hace ser tú. Tu manera de sentir es tuya, de nadie más; y nadie puede exigirte motivos de por qué sientes, y a nadie le debes explicaciones de cómo sientes.
No sientes por tener una melena o una barba; grasa, músculos o huesos; ropa y complementos; color de ojos o de piel. Sientes porque eres, porque eres tú, igual que el resto y diferente a todos, pero en ningún caso más.
Diferencias va a haber tantas como quieras encontrar, pero al final lo que somos, lo esencial, va a ser siempre lo mismo.
Leer esta entrada lleva menos de un minuto. Para entenderla hay gente a la que no le basta una vida.
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