Era todo un juego, aunque ya me había pasado antes, no contigo pero sí igual. Había perdido demasiadas partidas por encerrarme en esa idea y convencerme de que no había nada más que eso, pero ahí estaba yo haciéndolo mal de nuevo. Los juegos eran siempre los mismos; siempre había algo más. Mi estupidez también seguía siendo la misma.
Te acercaste. Te acercaste mucho. Tenías tu mano apoyada en el respaldo de la silla en la que estaba yo sentado, y con el gesto me inclinaste hacia atrás, despegando del suelo las patas delanteras, las de la silla y las mías. Estaba a tu merced, aunque ¿no lo estaba siempre?
Te acercaste más aún, aprovechando que no podía escapar, y me besaste. Tampoco es que quisiera escapar.
Me besaste como si nada.
Fue breve, pero es de esas cosas que esperas durante una vida y cuando pasan pasan, siendo lo de menos su duración.
Pasar pasó, y pasó tanto que me di cuenta de golpe de que no era un juego. No podía serlo, tenía que ser algo más: aquello era un sueño.
Te lo dije, te dije que era un sueño y sonriendo me dijiste que no. Te dije que sí, y que si no lo era me demostraras que no lo era. Sin dudarlo ni un segundo, cogiste de la mesa una hoja de papel y la sostuviste ante mis ojos.
Tiene razón. ¡No es un sueño!
Era evidente que no era un sueño, porque recordaba el momento exacto en el que había cogido ese papel y había hecho aquellos garabatos. Recordaba cómo había pintado cada uno de esos corazones, y ese sol cuyos rayos viajaban de extremo a extremo de la hoja, y ese arcoíris. Recordaba ser el autor de aquel dibujo digno de un niño donde te dejaba claro lo que sentía por ti.
Te vi sonreír desde detrás del papel y fui feliz, inmensamente, feliz como no lo había sido nunca. Feliz porque había pasado y había pasado de verdad, y era real porque lo recordaba todo, aunque si había algo que recordaba por encima de cualquier otra cosa eran aquellas palabras que había escogido con sumo cuidado, las mismas que mientras sostenías el papel ante mis ojos era incapaz de leer.
En los sueños no se puede leer.
Paloma Faith – 30 minute love affair
I’ll never forget it.
Deja un comentario