Igual que hay veces que lees un libro sin fijarte en las palabras o escuchas música sin reparar en la letra, te observé cada dÃa de mi vida sin alcanzar a verte.
Paseé a tu vera, reà a tu lado, jugué en tu contra y hasta me enfadé contigo, pero al final de cada dÃa siempre hubo un abrazo, un siempre y un gracias por ser mi amiga.
Igual que hay veces que hablas con alguien sin que tu mente esté en la conversación o miras un escaparate sin ver lo que hay en los estantes, vivà cada dÃa en tu compañÃa sin ver más allá de tu cristal.
Lloré en tu hombro, te conté mis penas y te quise casi tanto como se quiere a un hermano.
Y aquel dÃa entraste enfundada en tu traje de lunares.
Lunares… lo pienso y aún me rÃo.
De golpe leà hasta la última palabra, escuché la letra de esas canciones que habÃa ignorado, me centré en cada conversación y vi lo que habÃa al otro lado del cristal. Al otro lado del cristal estabas tú, bailando flamenco.
Jamás habrÃa imaginado que podrÃa ser ese EL MOMENTO, con mayúsculas, el punto de inflexión. Me demostraron lo equivocado que estaba tu metro setenta y uno acariciando el techo, tu melena envolviendo con mimo el aire que agitaban tus volantes y tus ojos llenando de luz cada rincón que miraban.
Y me llenaste de luz.
Fue asà como un servidor, aun cegado por tu belleza, consiguió verte por primera vez.
Andrés Suárez – La vi bailar flamenco
La mujer más hermosa del mundo ahora baila flamenco.
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