No sé si soy yo el que la busco o es ella, pero de algún modo siempre acabamos encontrándonos.
Lo hacemos en los rincones más insospechados, cuando creemos que no podemos estar más lejos el uno del otro, porque no hay distancia que nos separe que no termine por acercarnos, como si tras despedirnos describiéramos inconscientemente trayectorias circulares, haciendo sin querer lo posible por volver a tropezar el uno con el otro, por caer de nuevo en nuestros brazos, por dejarnos llevar… porque si hay algo que hace bien ella es eso: llevarme.
Da igual que sea con la vista, con el oído, con el gusto o con el olfato: es sentirla y flotar.
Es tan sencillo dejarse arrastrar por su fuerza…
Me gusta pensar que yo hago lo mismo por ella, que la llevo, dentro, más cerca del corazón de lo que a menudo pienso, siempre presente aun cuando no puedo sentirla.
Importa poco que yo lleve a otras o que para ella yo sea uno de tantos. Importa poco porque cuando estamos juntos saltan chispas, porque nos hemos estado llamando desde que yo no era más que un crío y ella ya no recordaba el número de soles que había visto esconderse. Importa poco porque formamos parte el uno del otro, porque desconozco si todos los caminos conducirán a Roma, pero tengo claro que en algún punto de todos los míos siempre sale Italia a encontrar mis pasos.
Francesco Renga – Il mio giorno più bello nel mondo
Come se ti avessi sempre conosciuta.
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