Tienes ganas de ir al baño y vas. Aguas menores. Mear, vamos.
A veces esperas un poco, otras simplemente vas, en ocasiones lo usas como mera excusa para hacer tiempo, para echar el rato, para huir de algo o de alguien: me encantaría quedarme aquí charlando contigo, pero es que no aguanto.
Ocurre también lo contrario, que quieres ir y no puedes, que las circunstancias te lo impiden. El pensamiento inunda de inmediato tu cabeza; no hay nada más que eso: las ganas, la necesidad acuciante de llegar a un baño. Quieres hacerlo, lo necesitas, cada vez más, con tanta intensidad que todo lo que no es eso va perdiendo importancia de manera exponencial. Intentas pensar en otra cosa, lo que sea, pero no funciona. Ya sabías que no iba a funcionar. Tampoco es que sea la primera vez que te pasa.
Si lo retienes mucho acabas alcanzando ese punto en el que ya nada importa, ni el dónde ni el cómo, ni siquiera el quién; solo tiene validez el qué. Entonces lo haces. La sensación es indescriptible, el placer en estado puro, la liberación, el clímax.
Hoy he descubierto que siento lo mismo cuando veo a alguien que cuando voy al baño.
Mucha gente es ir sin más, ir por ir, mear normal.
Tú eres mear cuando estoy a punto de explotar.
Jessie Ware – Champagne kisses
Do, do, do, do, do.
Replica a Cristina Cancelar la respuesta