Me pasa a veces que, aunque busque, no encuentro las palabras, que quiero hablar y no puedo.
Debería ser fácil, pero hablar no siempre lo es. Hay temas, situaciones, momentos…
Hay muros que en lugar de venirse abajo se ven reforzados por el sonido de tu voz intentando derribarlos, del mismo modo que hay burbujas verdaderamente hermosas que explotan cuando intentas acariciarlas con tus palabras.
Hay miedo, mucho miedo; y lo hay porque hay que hablar, porque, como dirían aquellos, hay un elefante en la habitación.
Me pasa a veces que el elefante me mira y me da igual, que este al que no le incomodan los silencios le aguanta la mirada… pero luego te veo a ti (porque eres tú, ¿sabes?), y ya sean burbujas o muros siento que debo hacer algo.
Entonces abro la boca, pero cada palabra que me dispongo a morder se escapa al vuelo de mis labios, y voy dando en silencio mordiscos al aire mientras tú y el elefante me miráis extrañados.
Me pasa a veces, y solo a veces, que pienso.
Aun no siendo capaz de hablar caigo en que lo importante es el mensaje, en que otros, aunque con otro tú y otro elefante, probablemente hayan pasado ya por esto. Empiezo a buscar en mi cabeza como un loco, si bien alguien que le ha intentado dar un bocado al viento difícilmente puede hacerlo de otro modo, y de pronto doy con mi salvación.
Me pasa a veces que encuentro la canción justa, te la pongo y dejo que hable por mí.
Te hablo a través de las palabras de otro, pero por un momento sabes que son mías, que siento eso y lo siento así.
Cuando levantas la mirada el único animal que queda en la sala soy yo.
Frank Hamilton – Songs we fall asleep to
It’s just sometimes I wish that we didn’t dissect things
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