1. Sabes que a veces, cuando tienes hambre, te tomas un tentempié con la intención de paliar esa sensación pero consigues justo lo contrario, que se dispare. Es el hecho de querer mucho y obtener poco, que no solo no basta sino que además duele. El problema de la miel en los labios.
2. Somos agua en un porcentaje que desconozco pero que es muy alto, tanto que no me equivoco si afirmo que somos básicamente agua: agua y alguna otra cosa.
3. No todas las veces que respiro lo hago por necesidad: algunas es por placer.
Siempre me han maravillado esas hojas en blanco salpicadas por un puñado de puntos negros numerados. Las miras y no hay nada, manchas; pero al unirlas en el orden apropiado se desvela el misterio, que ha estado siempre ahí aunque sin ayuda no eras capaz de verlo.
El 1, el 2 y el 3 no son pensamientos inconexos: son mis puntos. Si me permites, voy a unirlos.
Te veo y tiemblo, no demasiado pero tiemblo. Estoy casi seguro de que es algo interno, de que desde fuera no se ve, pero yo lo noto y mucho. Tiemblo igual que tiembla el agua cuando la pones al fuego.
Te acercas y respiro hondo, no porque me falte el aire sino porque quiero llevarme ese que te ha envuelto, que huele a ti. Somos agua y eres agua y no me parece tan descabellado que tu aroma también sea agua, así que en cierto modo bebo, te bebo. Ya lo estaba haciendo desde el primer contacto, con los ojos, pero ahora es real, aunque es mucho menos, y en lugar de saciarme me entra sed.
Cuando te tengo cerca me entra sed.
Quiero beberte las piernas, los labios, el alma, la sonrisa, la espalda, los rizos.
Quiero beberme tu mirada. Quiero bajarte el porcentaje. Quiero ahogarme en ti.
Quiero beberte.
Muero de sed.
Hay que ser muy tonto para deshidratarse rodeado de tanta agua.
Macaco – Mensajes del agua
Qué le voy a hacer si yo amo lo diminuto.
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