Cuando un pingüino macho se enamora busca durante días la piedra más bonita de la playa para entregársela a su amada como muestra de sus sentimientos.
Una piedra, pero para ellos es un mundo.
Me contaste aquello en nuestra primera cita, probablemente sin más.
No soy de lujos ni de grandes gestos sino de detalles pequeños, de palabras sinceras, de buscar y regalar piedras.
La historia me caló hondo.
Detrás de aquellos pingüinos vinieron monos, gatos, cines, gestos, abrazos, juegos, manías, miedos, decepciones, nervios, estupideces y alguna lágrima.
Aquella noche íbamos preparados, pues aunque ninguno hubiera anunciado que era la última cita ambos lo sabíamos. Llevábamos puestos para la ocasión nuestros mejores trajes de indiferencia.
Antes de despedirnos te dije que tenía algo para ti, y te di una piedra.
No hizo falta explicar nada.
A tu americana se le fue un punto: se te escapó una sonrisa. Para taparla sentiste la necesidad de abrir la boca.
Tampoco es una piedra muy bonita, dijiste.
A lo mejor no te mereces más.
Andrés Suárez – Piedras y charcos
Ya sé que se acaba.
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