Sentía a veces la necesidad de salir a pasear a altas horas de la madrugada, no por ser incapaz de conciliar el sueño sino porque viviendo en una gran ciudad era el único momento en el que conseguía hacerlo solo. Hablamos de estar solo de verdad, físicamente, no de sentir que uno lo está, pues cuanto más grande es una ciudad mejor lugar es para esto último.
Cuando no era capaz de contener más las ganas salía, de madrugada, a buscar calles desiertas, parques mudos y semáforos de esos que invitan a no hacerles caso. No era fobia a la gente ni alergia, ni siquiera indiferencia: perseguía esa soledad por lo fácil que resulta dejarse llevar. Uno sale a la calle dispuesto a caminar sin rumbo y acaba siguiendo de forma inconsciente otros pasos. Es imposible perderse mientras el mundo sigue despierto, y de vez en cuando todos necesitamos hacerlo.
Salía de madrugada, a poder ser con lluvia, cuando el agua arrastra las huellas que ha marcado en el suelo el día como niños que juegan con tizas y ni siquiera las farolas alumbran los caminos. Paseaba de madrugada precisamente por eso: para no ver más caminos que el que pudiera sugerirle su instinto, para perderse.
Siento a veces la necesidad de perderme a altas horas de la madrugada, aunque sea para encontrarme donde terminan mis pasos.
Lianne La Havas – Lost & found
Where my demons hide from you.
Replica a Loli Cancelar la respuesta