Acabo de llegar y bueno… quizá te suene raro pero… me gustaría hacerte una pregunta…
Eran otros tiempos cuando te acercaste: eran tiempos de vals.
¿Me concederías este baile?
El mundo al revés.
No sé si tú o él, pero uno de los dos se había vuelto loco.
Era la primera vez que te veía, así que probablemente no fueras tú. No, escuchando aquello tú debías haber estado loca desde el principio, dondequiera que estuviera tu principio, lo cual me dejaba ante una única opción: el mundo estaba rematadamente loco.
Te miré intentando averiguar cuál era tu problema, por qué te habías acercado a mí que siempre pasaba desapercibido, el hombre más invisible del salón. Llevabas gafas, sí, muy grandes y negras, pero tenías brazos, piernas… todo en su sitio.
No veo por qué no, te dije. ¡No veo por qué no! Y que haya quien diga que los románticos nacen y no se hacen…
Al empezar la música me acerqué a ti.
Retrocediste dos pasos, visiblemente nerviosa.
Un momento, dijiste levantando ante mí tu mano derecha con el índice estirado hacia mi nariz.
Sabía que había truco, pensé.
Si no me quito las gafas me mareo. Dame un segundo…
Te giraste y vi cómo las patillas abandonaban el cobijo de tus orejas. Me quedé mirando un momento tu pelo, oscuro, rizado.. Ciento ochenta grados más tarde tus ojos buscaban los míos. Los buscaban literalmente, por aquello de no llevar gafas, supongo.
No veo demasiado, susurraste tras chocar tu frente contra mi pecho.
No te preocupes, dije mientras te agarraba con firmeza.
Un, dos, tres, un, dos, tres, un, dos, tres…
No tenía claro si me veías o no, pero ya no me buscabas: tus ojos bailaban al ritmo al que lo hacían los míos.
Girábamos, cada vez más cerca, porque puedes estar cuerpo a cuerpo y querer seguir reduciendo la distancia.
A cada vuelta se hacían más rizados tus rizos, más amplias nuestras sonrisas, más banal el resto del mundo.
No veíamos a nadie más, pero ellos nos miraban. Todos nos miraban.
No sé tú, pero yo era la primera vez que bailaba, y resulta que no lo hacía nada mal.
Fueron parando las demás parejas antes de que lo hiciera la música, apartándose, dejándonos allí arriba tan solos como creíamos estar desde un principio.
Los aplausos al terminar la canción nos devolvieron a la realidad.
Uno junto al otro, cogidos de la mano, nos inclinamos en señal de agradecimiento.
Estábamos ahí y la gente lo veía. ¡Había dejado de ser invisible!
¿Estás preparado para la siguiente?, preguntaste entusiasmada.
Lo estaba, juro que lo estaba, pero al mirar por encima de tu hombro vi a todas aquellas que jamás me habían mirado deseando bailar conmigo. Era todo gracias a ti, que me habías visto cuando nadie más lo hacía, que por algún extraño motivo que aún no entiendo me habías elegido.
Quiero bailar con otra gente.
Fiona Apple – Waltz (Better than fine)
Why should I follow that beat.
Replica a Loli Cancelar la respuesta