Deberíamos cenar algún día, como ahora mismo o ayer, que vale que ahora es media tarde y no procede, pero ayer durante un rato fue de noche. Deberíamos haber cenado anoche, pero en lugar de eso andamos. No anduvimos, eso es de gente estirada que sabe castellano: andamos, mucho y deprisa, como hace uno cuando desafía al frío.
Anoche hacía más hambre que frío, pero yo quieto me bloqueo y un paseo me pareció mejor idea. Contaba con tu sentido común para pararme los pies, que lo último que necesita un loco es que le den alas… y te dio por volarme al lado.
Horas caminando en sesenta minutos, confirmando que el tiempo es relativo y como aquel detergente cunde más de lo que cuesta.
Lo que costaba era aceptar la cuenta atrás, tanto que me negué a mirar el reloj.
Ya se convertirá en calabaza.
Calabaza no te hiciste, pero igualmente adiós, con tu sonrisa, tus ojos y un montón de palabras que no entendí. Ni una.
Tampoco tenías cara de estar diciendo nada malo.
Me olvidé el frío en tu portal y volví a casa, pensando, decidiendo cuál iba a ser la estrategia. En el amor como en la guerra noséqué, pero las guerras no se ganan sin un plan. Era demasiado pronto para escribirte, aunque un ataque por sorpresa podía resultar efectivo.
No, mañana si eso, o ya si no pasado…
Yo quería ya.
Tuvo lugar entonces una de esas conversaciones que entablan mi yo infantil y mi yo adulto, que como mucho tendrá quince, donde las fuentes de sabiduría son capítulos de Al salir de clase que nunca vio por encontrarse aún dentro.
De ahí saltaron a Elsa Pataky y se les fue un poco el santo al cielo.
Me tocó poner orden.
¡Chavales! ¿Qué hacemos? ¿Le escribo o qué? ¿O cuándo?
En esas saqué el teléfono por aquello de ver la hora, realmente para ver la hora; juro que no era una excusa para ver si tenía alguna notificación. No lo era porque mi cabeza estaba demasiado ocupada en elegir el mejor momento para probablemente mandarte el icono del mono. Puedo estar días dándole vueltas al tema y enviarte el puto mono. Y punto.
Soy así, pero se me termina cogiendo cariño.
Ver la luz azul encendida me hizo olvidarme de querer saber la hora, ya para qué: aquel círculo color tus ojos podía ser cualquiera, pero yo sabía que era la opción que no me había planteado, que te habías adelantado a mi estrategia.
Sonreía ya antes de leerte.
Vale.
Sleeping At Last – I’m gonna be (500 miles)
But I would walk 500 miles and I would walk 500 more.
Replica a melbag123 Cancelar la respuesta