– ¿Qué quieres hacer?
– No lo sé.
– Entonces no hagas nada.
Vuelvo a la entrada de ayer, por matizar y porque es más fácil que pensar un tema nuevo. No es que me pueda la pereza, sino que todas mis neuronas están puestas en una postal navideña que se niega a tomar forma. Uno no puede estar en el melón y en las tajás, sobre todo si uno es una neurona. Y vuelvo a la entrada de ayer porque quiero hacerlo, que al final es el consejo al que lo reduzco todo.
¿Quieres hacer algo? Hazlo, pero no lo hagas si no lo tienes claro o no lo sientes. A veces la corriente es fuerte y lo fácil es dejarse arrastrar, pero uno demuestra quién es realmente cuando nada contra esa fuerza, la venza o no. Es una de esas situaciones en las que lo importante es participar.
Y también funciona al revés, ¿por qué no?
Siempre hablamos de los valientes, de los que luchan, cuando lo cobarde a veces es pelear. Si no quieres nadar no nades, y que hablen si quieren esos que no ven más que blanco y negro.
La clave es el equilibrio, que en ocasiones no consiste más que en fluir.
Y el río está lleno de flotadores a la deriva.
Keaton Henson – Don’t swim
I’ve been right here waiting for you to wake up.
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