Tenía tanto miedo a morir ahogado que se tapaba la nariz hasta en la ducha. Habiendo gente que se ahogaba en un vaso de agua tampoco le parecía lo suyo tan descabellado.
Miraba cada noche bajo su cama antes de acostarse, por si los monstruos. Le habían contado una vez una historia que… y claro, no asegurarse era correr un riesgo innecesario.
Dormía siempre con una luz encendida, una de esas circulares pequeñas que se enchufa directamente a la pared, con una cara sonriente dibujada, por supuesto. Si no dormía con un ojo abierto era porque, a pesar de haberlo intentado durante mucho tiempo, no había sido capaz de conseguirlo.
No hace falta decir que jamás salía solo de casa, ¿verdad? ¿Y si le pasaba algo y no había nadie para asistirlo?
Miedos. Todos tenían los suyos y él no iba a ser menos.
Todo aquello que lo aterrorizaba era normal cuando uno tenía seis años, adorable incluso, pero es que acababa de cumplir cincuenta y seguía igual que el primer día.
Sentía además que se hacía tarde para cambiar, que ya para qué.
Y nunca se había enamorado, por si se le rompía el corazón.
El Canto del Loco – Y si el miedo
Y si el miedo me coje y me mata.
Replica a zhalwa Cancelar la respuesta