Hace un mes me empezó a doler la comisura izquierda del labio.
Os parecerá algo muy del día a día, no digno quizá de una entrada, pero ¿os acordáis de aquella época en la que a la gente le dio por pintar bodegones? ¡Bodegones! Nos quejamos hoy de esos que publican lo que comen en Instagram, pero es que aquello eran un plátano, una manzana y una pera dentro de un bol. Y ya está. Hoy alguien te habla de un plátano, una manzana y una pera que están en un bol e inmediatamente piensas que te está contando un chiste, pero no, aquello iba muy en serio. ¡Bodegones!
Pues a mí hace un mes me empezó a doler la comisura izquierda del labio.
Somos el animal más avanzado, con toda esa evolución detrás y nuestra inteligencia desmedida, pero tenemos pelos que crecen hacia dentro. ¿Alguien me lo explica? ¿No es lo lógico, por definición, crecer hacia fuera?
Como bien habréis deducido, amigos detectives, el dolor de la comisura izquierda del labio era un jodido pelo: un pelo de la barba irascible y asocial que decidió que Expediente X era mentira, que la verdad no estaba ahí fuera y que salir pa’ qué si aquí se está calentito; convirtiéndose sin saberlo en un expediente equis en sí mismo. ¿Alguien ha dicho paradoja? Sí: yo.
A veces creo que toda la inteligencia esa que dicen que tenemos es un bulo, que ni lo es el cuerpo ni lo somos nosotros, o que a lo sumo tenemos una inteligencia bipolar.
Somos capaces de crear palabras como comisura y bodegón, de fingir que llegamos a la Luna; pero al mismo tiempo tenemos pelos que crecen hacia dentro y nos volvemos locos pintando fruta.
Vaya cuadro.
Danza Invisible – Bodegón
No frenes tu risa. Bebe más deprisa.
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