Decidme que no estoy loco, que os ha pasado a vosotros también alguna vez. Decidme que incluso ahora que prácticamente todo es visual se os ha llegado a erizar la piel con los ojos cerrados. Decidme que vosotros también lo habéis sentido.
Hay gente que camina como si bailara, que va de aquí a la esquina y es arte. No es el destino ni el viaje: es la forma de moverse. La seguirías sin dudarlo, a tirar la basura, a comprar el pan, hasta el fin del mundo.
No fueron sus ojos, su boca, ni su pelo; ni siquiera fue su voz.
Fueron sus palabras, y tampoco lo fueron del todo.
Me enamoré de su cómo.
Supongo que es superficial enamorarse del continente y no del contenido, pero no pude evitarlo: caí en su prosa que era poesía, en la belleza formal de cada una de sus expresiones escritas.
Me enamoré de su cómo, tanto que el corazón me hacía un mortal con cada renglón de su lista de la compra, que encuadernaba cada pósit donde me dejaba sus buenos días, que mi libro de cabecera eran sus mensajes de WhatsApp, pues a su lado La Regenta parecía el Cuore.
Me enamoré de cada coma, de cada punto, de cada tilde. Tildes…
Era aquello como para volverse loco, aunque yo iba ya tarde para perder la cordura.
Me enamoré de su cómo… y entonces llegó.
Peter Frampton – Baby, I love your way
I can see the sunset in your eyes.
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