Entiendo que pueda costar encontrar gente con la que discutir sobre esa banda independiente que te apasiona o aquella película alternativa que visteis tú y dos más, pero no me entra en la cabeza que sea tan difícil hablar de sentimientos cuando sentir es algo que todos hacemos.
Es por lo de la vulnerabilidad, ¿verdad? Porque aquí todo es imagen y parece que si uno siente es menos, no sé menos qué, porque no lo entiendo, pero es lo único que se me ocurre.
Yo no te hablo de lo que me inquieta y tú no me cuentas aquello que te da miedo.
Todo está perfecto. Es mentira, pero es una mentira bonita.
¿Quién quiere cosa feas?
Al final es como todo, esa gran frase que aún no diciendo nada actúa a la perfección como comodín: cuando haces pop ya no hay stop.
No sé lo que digo, y eso es algo que me pasa a veces, que escribo porque me hago pequeño cuando el silencio me mira a los ojos, porque la página en blanco me aterra. Escribo y me da igual el qué: solo quiero ruido.
Es una confesión mínima, pero es lo que siento ahora.
Este soy yo haciendo pop.
Estamos todos muy rectos con nuestras espaldas negras y nuestras fachadas blancas salpicadas de puntitos, porque no gusta ser el primero que levanta la mano, porque se está más cómodo en la última fila, pero basta con que caiga una ficha para que vaya todo el dominó detrás.
Yo ya he hecho pop.
Os espero aquí tumbado.
Matthew Perryman Jones – Save you
I wanna fly away, but I’m stuck on the ground.
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