No era veintiocho de diciembre pero ahí estaba yo, inocente. Tenemos que hablar, habías dicho. ¡Tenemos que hablar! No se me ocurre nada más claro que eso, absolutamente nada, pero yo fui a aquella cita pensando: ¿qué tendrá que decirme?
No es que no lo supiera, pero me engañaba, ya sabes, las cosas son tan bonitas o uno las ha maquillado tanto que llegado el momento de la verdad lo más lógico es otra mentira.
Llegué con (mucho) tiempo, por la Navidad, por las luces, por dar antes de verte vueltas bajo cientos de bombillas que coreaban ¡te va a dejar! mientras yo seguía erre que erre.
¿Qué querrá contarme?
La mente humana es como es, que yo a las bombillas las oía pero no las quería escuchar, que con Taylor Swift en mi mp3 ya iba sobrado de mensajes positivos. Taylor Swift, gran presagio en esto del amor.
A punto estaba ya de marearme cuando hiciste acto de presencia.
– Dime – dije.
– Que te diga qué – dijiste.
– ¿No querías hablar? – dije.
– Por eso no me gustan estas cosas… – dijiste.
– ¿Por eso no te gusta qué? – dije.
– Toda esta mierda – dijiste.
La mente humana es como es: mucho maquillaje y lo que tú quieras, pero yo estaba calentito de paseo y fue verte y notar el frío, suficiente para darme cuenta de que aquello no iba a ir bien, y no porque fueras a dejarme, que al final tampoco era el caso ya que ni me habías llegado a coger.
Desconfiad de las bombillas: nunca se enteran bien de las cosas.
Taylor Swift – Back to December
You gave me roses and I left them there to die.
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