Si la vida fuera estar de pie viviría siempre inclinado hacia delante, cinco grados, diez; no demasiado pero nunca recto.
Vivo siempre pensando en el siguiente paso, en qué vendrá luego. Incluso en las contadas ocasiones en las que mi cabeza está en el mismo lugar que mi cuerpo no logro apartar la vista de cuándo acabará el ahora.
Vivo siempre hacia delante.
Caminaban mis piernas arrastrando al resto de mi cuerpo el otro día, a todo mi cuerpo salvo a mi cabeza; ya sabéis, ella suele estar en otra parte. Caminaba inclinado mis cinco o diez grados. Con esa cabeza que llevo de adorno vi algo en el suelo: una tarjeta. En el centro de un rectángulo blanco había dos filas de letras negras que no alcanzaba a leer desde mi posición.
Me detuve, me agaché, recogí la tarjeta y leyéndola me puse en pie.

Estás aquí ahora. Eso es todo lo que importa.
Ni diez grados ni cinco, ni siquiera dos. Como por arte de magia, por primera vez en mucho tiempo, mi cuerpo era perpendicular al suelo.
Miré a mi alrededor, a mi ahora. Fue como abrir una puerta a un mundo que si bien no era nuevo no parecía haber estado ahí un segundo atrás, un mundo al que yo mismo le había cerrado la puerta con mi manía de vivir hacia delante.
Los grandes cambios nacen siempre de algo pequeño: de un detalle, de un gesto, de una frase. Guardé la tarjeta en mi bolsillo y seguí caminando inclinado cero grados, sonriéndole con orgullo al presente.
He vuelto.
Rasputina – Wish you were here
We’re just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year.
Replica a melbag123 Cancelar la respuesta