Crecemos, nos enteramos de que los Reyes Magos no existen y nos preguntamos cómo hemos podido vivir engañados todos esos años. Sin embargo décadas después seguimos creyendo en el amor. ¿Por qué? Porque la historia de tres señores con poderes que reparten regalos carece de todo sentido, pero una fuerza invisible que nos une, nos llena, nos completa y dura para siempre es algo palpable, innegable, muy del día a día.
Estoy en ese momento de la vida en el que el simple hecho de pensar en el amor te despierta un terrible sentimiento de pereza. Pensar en cosas que no existen me aburre.
El punto en el que vivo es ese en el que descubres que mirar por ti mismo no es egoísmo, que nadie te va a cuidar si no te cuidas tú, que a la mierda todo que contigo te bastas; ese punto en el que si además te hinchas a helado o chocolate en realidad estás tapando, pero al no ser el caso piensas que lo mismo esta vez es de verdad, la definitiva, que has aprendido por fin qué es lo importante.
Soy un hombre independiente, seguro de mí mismo y no creo en los Reyes Magos ni en el amor. Hala, ya lo he dicho. Aunque escucho esta canción y quiero conocerte, pasear a tu lado, cenar a la luz de las velas, ir al cine a ver la que sea, sujetarte las cosas durante horas mientras compras, abrazarte bajo la manta, tener niños contigo y sostener tu mano entre mis dedos cuando aparezca el The End.
Porque no creo en el amor, pero siempre escribo la carta a los Reyes Magos por si acaso.
David Gray – This year’s love
Won’t you kiss me on that midnight street, sweep me off my feet…
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