No es que te dejara marchar, pues siempre he considerado que no soy quien para retener, pero tú pudiendo irte te quedabas y yo daba pasos hacia atrás.
No es que te dejara marchar, ni que te quisiera perder, ni que no fuera a tu lado donde me sentí más vivo, pero a veces no le hacen falta motivos a un adiós.
No es que te dejara marchar pero nos alejamos, tú cansada de quedarte y yo anclado en estar de paso.
No es que te dejara marchar igual que no es que te invitara a volver.
Nos limitamos a fluir.
Fuimos, vinimos y ahí te tengo, con cinco años más en la mirada y apenas diez segundos después de la última vez que te tuve enfrente, mordiéndote el labio inferior con dientes que se clavan en mi ventrículo izquierdo, dispuesta a quedarte de nuevo exhibiendo esa sonrisa que sabe que me he cansado de andar.
Rozalén – Vuelves
Tan inesperadamente siempre vuelves.
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