Los domingos son para descansar, para tirarse en el sofá y agonizar lentamente hasta la llegada del lunes, y en esas estaba yo cuando he sentido una fuerza. No hablo de nada paranormal, pero juro que he notado algo, una especie de impulso que me decía que lo que estaba haciendo no estaba bien, que debía estar en otra parte.
Se me da mal ignorar las cosas que siento, así que me he levantado, me he puesto las zapatillas y he salido de casa. Esa extraña fuerza me instaba a correr, cosa que he hecho como si no hubiera un mañana, a pesar de lo difícil que resulta ignorar el mañana cuando se trata de otro lunes.
¿Qué hacemos? ¿Dónde vamos? ¿Por qué ahora? Pero las fuerzas no hablan.
Al llegar lo he entendido todo, y creo que si mis piernas se han parado en seco es porque lo ha hecho mi corazón primero.
He escrito muchas veces sobre cómo te miro y tiemblo, sobre cómo me pierdo en tus ojos azules que me recuerdan al mar, y quizá sea precisamente eso. Tampoco te quiero tanto: de quien estoy enamorado realmente es del mar, y si tú me gustas es porque lo veo cuando te miro. De alguna forma es bonito, pero para mí no eres más que una ventana.
Nadie se enamora de una ventana. Nadie se merece ser una ventana.
Ni siquiera las ventanas, aunque ellas no pueden evitarlo.
Me he quedado mirando el mar como si no hubiera un mañana, y no sé si realmente lo habrá o no, porque en cierto modo creo que sigo allí, que en verdad hoy no he llegado porque nunca me había ido, que vaya donde vaya nunca seré más que mar.
Y no puedo quererte porque el agua lo único que sabe hacer es fluir.
Blue October – Into the ocean
Sometimes it feels just like I’m falling in the ocean.
Deja un comentario