Las historias personales tratan siempre de una de dos cosas: de perderse o de encontrarse, y aunque ambas pueden ser igualmente difíciles lo complicado de verdad es cuando desconoce uno en qué punto está, si se está alejando de sí mismo o acercándose.
Lo desmiento a menudo aunque nadie me cree: esta no es mi historia personal. No obstante, de serlo, ahí tendríamos precisamente mi momento: tengo el pie levantado y no sé dónde quiero ponerlo.
Llevo días (¿semanas?) haciendo de forma involuntaria balance, recordando.
Siempre que recuerdo lo hago de forma analítica, no para recrearme en lo que fue sino para aprender de ello. Recordar vendría a ser como estudiar historia, eso que nunca entendí en mis años de colegio. ¿Por qué tengo que estudiarme todo esto si ya pasó?
Y aquí estoy una vez más rebuscando entre mis páginas.
Al final siempre entendemos las cosas, pero es siempre al final, cuando por definición ya es tarde. Ocupadas nuestras historias personales en encontrarnos se pierden libros, palabras, gestos; pérdidas que no las frenan, si bien no las cambian del modo en que deberían haberlo hecho.
Esta que no es mi historia personal ha tratado principalmente no de perderse ni de encontrarse, sino de estar perdido. De intentar entender a tiempo esas cosas que solo se entienden al final. De estar perdido y de dar tumbos.
Y aquí estoy yo con mi pie levantado.
Imagine Dragons – I was me
Please believe me when I tell you that this is not who I am.
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