Que no es así, me dice, que solo se ha dejado llevar por la fugacidad de su estadía; y no sé si es la primavera o que el listón anda cada vez más bajo, pero siento que con tres palabras más como fugacidad o estadía con todos los acentos puestos en su sitio podría acabar enamorándome de ella.
Escribimos mal, muy mal. Escribimos fatal.
Es algo que no termino de entender en un tiempo en el que quizá escribimos más que nunca, en un cuándo en el que dejamos de hablar en favor de la palabra escrita.
Los mensajes cortos eran cortos (quién lo hubiera dicho) y obligaban a abreviar, pero eso ya es historia. Hoy en día no se paga por carácter, por ninguno, ¡ni siquiera por las tildes! Es una locura, ¿verdad? Pero es una locura cierta: es todo gratis.
No lo hagáis por los ojos del resto si no queréis, ni siquiera por mantener en buen estado de salud vuestra lengua; hacedlo porque una a con acento cuesta lo mismo que una sin, y lleva más. Es el dos por uno de las letras, el 20% de más en cada bolsa de la ortografía.
¿Quién se compra las patatas de cien gramos si tiene por el mismo precio la bolsa de ciento veinte? ¡Nadie! Qué estúpido sería coger la bolsa pequeña, ¿verdad?
Coge la grande: sé inteligente con esto de escribir, aunque sea porque cada vez que te dejas un acento estás perdiendo dinero.
(O porque nunca sabes quién puede enamorarse de tu ortografía.)
Ventousa Wins – La estadía incierta
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