El camino de vuelta es siempre más corto, y es por eso que me gusta alargar el de ida, dar un paso más cuando siento que es hora de volver, y aún entonces seguir caminando. Es esa decisión la que lo cambia todo, la que me define: esa fuerza para seguir adelante cuando mis piernas me piden que dé marcha atrás.
No se anda con las piernas sino con la cabeza.
El camino de vuelta es siempre más corto, y sabiendo que al final hay que volver da igual cuánto te alejes, así que aléjate un poco más.
Cuando pienses que no te va a alcanzar la energía para el viaje de regreso aléjate más. Aléjate siempre más. Son esos últimos metros los que lo cambian todo, los que te definen.
Quizá estés ya en la cima, pero la cima la pones tú, y si quieres puedes situarla un poco más arriba. Cuando crees que estás en lo más alto es posible subir más, aunque sea un poco, basta con intentarlo. Recuerda eso, que la cima la pones tú. Y que luego es todo cuesta abajo.
El camino de vuelta es siempre más corto.
Alarga la (v)ida.
Fábula – Destino
Tan lejos como pueda para volver a empezar.
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