Según lo veo yo, ante una opinión negativa podemos hacer dos cosas.
La primera es rechazarla, asumir que no tiene fundamento alguno e incluso enfadarnos, con la idea en sí y (sobre todo) con quien la transmite. En este país somos todos muy de matar al mensajero. Qué más da quién diga qué si nos tiene manía, o envidia, o nos odia; y humildad para qué, si eso es para gente que tiene fallos.
La segunda opción es aceptarla, aunque no estemos de acuerdo, aunque el primer impulso sea desterrarla y restarle importancia. Nos han vendido siempre que la intención es lo que cuenta, pero no creo que sea del todo cierto: a veces la intención es la más noble pero el resultado no acompaña y, oye, si alguien tiene algo que decirnos, ¿por qué no escucharlo?
Quizá aprendamos algo, veamos las cosas desde un punto de vista que no teníamos en cuenta o incluso crezcamos como personas.
Crecer como personas, ¿eh? Poca broma. Y solo por intentar entender de dónde viene una crítica.
Según lo veo yo, ante una opinión negativa podemos hacer una de esas dos cosas.
Y somos demasiado pequeños para que el mundo esté conspirando contra nosotros.
Luke Christopher – Lot to learn
I still got a lot of shit to learn, I’ll admit it.
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