Coincidíamos en los puntos importantes de la vida, como el odio a las despedidas.
¿Para qué despedirse? ¿Por qué empeñarse en hacer más difícil algo ya de por sí complicado?
Nos parecíamos mucho, en todo lo que uno valora parecerse.
Coincidíamos en lo esencial.
Nos parecíamos tanto que llegado el momento no nos dijimos adiós.
¿Para qué despedirse? ¿Por qué empeñarse?
Nos parecíamos tanto que ahora solo me queda eso, hablar en pasado.
Odio las despedidas.
¿Para qué? ¿Por qué?
Nunca me despido.
No le veo sentido a hacerlo, o quizá me convenzo de que no se lo veo porque no me atrevo. ¿Y si soy un cobarde y no lo sé? ¿Y si siempre tengo miedo?
Nunca me despido y nos parecíamos demasiado, así que las últimas palabras que cruzamos fueron hasta luego, dos, el mío de ida y el tuyo de vuelta.
Los hastas se rozaron en algún punto según se alejaban; los luegos se enredaron en las ges, no queriendo despedirse tampoco y entendiendo que en su caso no era necesario, que mientras nos fuéramos nosotros por caminos diferentes ellos podían quedarse ahí para siempre.
Ganaron los luegos, que a día de hoy lo mismo siguen abrazados en aquel suelo, y es un alivio saber que alguien ganó en todo esto, porque yo (¿nosotros?) sin duda perdí (¿perdimos?).
Odio las despedidas, pero es justo antes de saltar al vacío cuando uno dice todo aquello que hasta entonces no se había atrevido a decir: el qué más da si no te volveré a ver, el no puedo dejar que te vayas sin que sepas esto, el ahora o nunca…
No hubo adiós, no hubo vacío y no hubo salto. No hubo ahora o nunca.
Cuando uno no se despide es siempre nunca.
Kasabian – Goodbye kiss
Rock and Roll sent us insane, I hope someday that we will meet again.
Replica a melbag123 Cancelar la respuesta