Equivocarse es lo de menos: el arte está en hacer creer al resto que era ese error lo que buscabas y no otra cosa.
¿Recordáis la postal de Navidad de hace dos años? ¡Claro que no! Ni siquiera la recuerdo yo, pero todos nos emocionamos en su día y lo sabéis
(Aquí os dejo el enlace para que podáis refrescar la memoria)
Cuando estaba ideándola en ningún momento me pasó por la cabeza hacerme una foto con un globo feo. ¿Qué sentido podía tener algo así? Pero lo hice, sin querer, y lo vi tarde, cuando ya estaba desmontado el chiringuito y no había vuelta atrás.
Podría haber seguido adelante deseando que nadie se diera cuenta, sabiendo que todo el mundo se daría cuenta pero nadie diría nada (siendo Navidad quedaría feo); o podría haber hecho lo que hice: dirigir desde un principio ahí las miradas, convertir al error en protagonista absoluto como si hubiera sido ese el plan desde el primer momento.
Da igual meterse en un jardín mientras desde fuera piensen que estás buscando flores.
El clon está listo. No ha quedado perfecto, pero necesito escapar de todo esto, y sé exactamente cómo aprovechar cada uno de sus fallos.
Lo he engordado. Le he teñido el pelo. Le he quitado la barba.
¡Vaya cambio!, le dirá la gente. ¡Vaya cambio! es todo lo que la gente dice cuando te has echado a perder, porque lo contrario queda feo aun no siendo Navidad.
Se preguntarán por qué lo he hecho, por qué ese color, por qué no hay vello facial, por qué estoy gordo. No oiré ninguna de esas preguntas, pues ya no estaré aquí.
Yo no.
Le he enseñado a escribir en el blog.
Metric – Clone
Happened on the safe side.
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