¿Sabes cuando se te cae una piruleta sin abrir al suelo, que se quiebra en mil pedazos pero quedan todos juntos porque el plástico evita que se escapen? ¿Y cuando coges un trozo de pizza y se queda colgando la mozzarella, que tiras y tiras pero termina antes el rango de movimiento que te permite el brazo que la capacidad de elongación del queso?
Pues el corazón es una gran piruleta esférica envolviendo un núcleo de mozzarella.
Y al nacer se nos cae la piruleta al suelo.
Tenemos bajo el pecho una gran bola de queso caliente con infinidad de trocitos rojos de caramelo pegados, y el azúcar es más dulce cuando se comparte con la gente a la que quieres. Es por eso que lo hacemos, lo compartimos, entregamos trozos de piruleta a aquellas personas a las que queremos, aunque la verdad es que las queremos precisamente porque les dejamos llevarse esos pedazos.
Es un acto de amor, y es bonito, pero cuando una persona empieza a alejarse más de lo que se puede extender un brazo el queso se tensa y duele un poco. Es solo un poco, aunque a veces juntando granos de arena uno llega a formar un desierto.
He dado piruleta sin miedo, y ahora que estoy lejos el queso me tira en tantas direcciones que no sé cuál es mi sitio. No tengo claro hacia dónde dar el siguiente paso, pero no es la tensión de esas cuerdas lo que más me duele, sino el frío que se cuela por los huecos que han ido dejando los trozos que os habéis llevado.
Maldita Nerea – Con trocitos
Y es que tiene un corazón que no le cabe…
Replica a zamoranita Cancelar la respuesta