La consistencia no ha sido mi fuerte desde hace unos años; no en cuanto a lo que a escribir se refiere.
Me emociono, escribo dos días seguidos, me creo que esta vez sí, que va para largo, que aún no han quedado atrás mis días de escribir tres, cuatro, cinco veces por semana… y luego pasan días, semanas y meses hasta que me doy cuenta de que llevo ya un año sin escribir.
En ese momento miro hacia otro lado, le echo la culpa a lo que sea: la familia, el trabajo, los niños.
Me esfuerzo por negar la realidad, aunque ninguna de esas excusas me llena del todo, porque tirando del hilo todas acaban en mí, y la culpa de no escribir no sé de quién es, pero no puede ser mía.
Es ahí cuando doy con ella.
He seguido el mismo ritual no sé ya cuántas veces: vuelvo a escribir, la uso como inspiración, le echo la culpa, soy incapaz de seguir, desparezco. Le he escrito desde el amor, desde la nostalgia, desde el odio.
No la odio, claro que no, pero lo he probado todo por hacer que vuelva, como un amante desesperado incapaz de aceptar que su amada ya no está.
Es mi excusa perfecta: la musa me ha abandonado.
Me prometí la última vez que era la última vez, que no volvería a hacerlo. Me prometí que no me quedaban ya más cartas que escribirle, que lo aceptaba, que si alguna vez volvía sería de otra manera.
También me prometí incontables fines de semana cuando era más joven que no iba a volver a beber.
Lo que nunca he hecho es pedirle perdón, asumir mi culpa y reconocer que en el fondo sé que quien la abandonó fui yo. La musa te encuentra trabajando, y yo dejé de intentarlo porque le cogí pánico a la hoja en blanco.
La musa se sienta a tu lado en el sofá, pero es difícil verla cuando no despegas los ojos de la pantalla del móvil. La musa te susurra mientras paseas, pero no puedes oírla si siempre llevas los auriculares puestos.
La musa es paciente. Mucho. Espera a que tengas algo de tiempo, que te aburras incluso, pero hace demasiado tiempo que apenas le creo espacios donde se pueda sentir cómoda.
Lo siento. Me he equivocado. Probablemente vuelva a ocurrir.
Pero prometo intentar hacerlo mejor.

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