De elegir tu propia aventura

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Siento que estoy viviendo demasiadas vidas al mismo tiempo, leyéndome todos los libros de Elige tu propia aventura a la vez, que no es que sean alta literatura aunque tampoco es que considere yo que vivo una vida elevada, y el caso es que quizá uno detrás de otro mejor.

Si decides ignorar ese dolor en el pecho porque estás seguro de que no es nada, pasa a la página 8.
Si consideras que ya tienes una edad y lo más sensato sería ir al médico

Ahí ya no sé que sigue porque he cogido el libro del circo y estoy debatiéndome entre ser trapecista en la página 27 o domador de leones en la 15. Yo lo que realmente quiero es domar leones desde un trapecio, porque de cerca me da respeto, así que me voy a la página 42 del libro de la isla, que parece más relajado y en verdad pienso que lo que necesito es eso: una vida tranquila, sin sobresaltos. Comer, leer, dormir. Darme un baño de vez en cuando.

Dicen que eso en la 78, y juro que lo intento, pero lo de cambiar de libro se ha vuelto automático, como un tic, y ahora corro, no sé hacia dónde, no sé por qué. Corro lo más rápido que he corrido jamás y parece que lo estoy disfrutando, y si quieres ser velocista sigue corriendo, no cambies de libro, elige tu propia aventura pero ¡elige una!

No puedo. No sé.
En mi casa todos los libros vuelan. Yo creo que es que de pequeño tuve una obsesión enfermiza con El guardián de las palabras, pero a pesar de lo espectacular de la imagen no es algo que yo recomiende. Al final todos los libros terminan cayéndose al suelo y hay que recogerlos.

Supongo que todo esto es una metáfora. De qué ya os lo dejo a vosotros.

Me da mucha envida la gente que tiene todos los libros ordenados

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